El Tren, crónica migrante de antaño

Crónica

Por: Ernesto Samuel Rea Cano

 

¡Vámoonoooos! a seguir el camino, el tren por fin arrancaba; —así comenzó mi abuelo su relato—. Esos dos meses en la capital fueron de los más duro que me ha pasado en la vida; hacía ya treinta y ocho días que había salido de casa. Me despedí de tu abuela y tus tíos. Sé que estaban bien porque confiaba en Dios, pero no les había podido enviar nada de dinero. Seguramente el maíz y las calabazas que les dejé para entonces ya se estarían terminando. Por momentos quería regresar, pero la ilusión de salir de la pobreza me empujaba a continuar; quince días, sí… quince días fue lo que nos prometieron de tiempo que no pasaría para contratarnos, pero no fue así.

Llegamos a la capital con toda la ilusión de poder lo antes posible ser enlistados, para irnos de braceros pa´l otro lado; aquí la vida era dura, trabajando y trabajando, y sin poder juntar para nada, los hijos creciendo, con nuevas necesidades y con ganas de ir a la escuela y uno… uno con trabajos sacaba para los frijoles. Teníamos unas vacas, pero llegó la peste y no resistieron. Decían que pronto repartirían tierra entre los campesinos, pero yo no podía esperar a que el gobierno se decidiera… ¿y qué tal si no era cierto? No podía perder más tiempo, así es que decidí, junto con otros cuantos, partir a buscar suerte a los Estado Unidos.

Decían que en la Ciudad de México era donde teníamos que apuntarnos para de ahí irnos ya con contrato por seis meses o si le gustaba como trabajabas pues… tal vez y con tantita suerte hasta papeles podrían arreglar las personas. Ccon nosotros iba el “Güero”, él ya sabía el teje y maneje de cómo estaba la cosa, así es que agarramos el tren de las seis de la mañana en Ameca y ahí vamos. Para el amanecer del siguiente día ya estábamos llegando… ¡aaaah, cuánta gente había, muchos niños corriendo, muchos entacuchados, de a caballo, carruajes por todos lados, las calles empedradas pero con un empedrado parejito, parejito, unas casas bien bonitas y árboles con flores de colores. Sin duda la capital de mi país era de lo más hermosa. El “Güero” rápidamente nos consiguió dónde quedarnos, tres pesos por semana nos cobraron a cada uno; yo solo contaba con veinte, otros traían más y menos pero pues, solo quince días, quince días íbamos a esperar. ¡No se preocupen muchachos —nos dijo un amigo con una sonrisa— seguido cae chamba, ya verán, no pasan dos semanas cuando ustedes estarán comiendo burritos en el otro lado!

Quisimos aprovechar el tiempo y conocer la ciudad mientras nos llegaba nuestra oportunidad. Al principio salíamos todos en bola, pero luego, al pasar los días, solo éramos unos cuantos, los demás se quedaban esperando a ver si había noticias de alguna compañía que buscara trabajadores… pero nada; pasaron no quince días sino seis semanas y el dinero de todos se había terminado, ya hasta debíamos una semana de hospedaje. Así es que tuve que salir a buscar trabajo en los alrededores. Pensé que si había tantos caballos, más de alguien podría necesitar de mis servicios; fue entonces que a unas cuantas cuadras de donde nos quedábamos pude conseguir algo qué hacer. Me encargaba de unas caballerizas, las limpiaba, además de que bañaba a los animales; me daban veinte centavos diarios, pero me permitieron quedarme en un rinconcito y así me ahorraba los tres pesos de la renta; era increíble, pero los caballos tragaban mejor que uno: a ellos les daban no solo pastura sino verduras, así es que pues aprendí a comérmelas, compartíamos los caballos y yo —dijo sonriendo—. Lo que quería era ahorrar porque aunque cayera un contrato para irnos para el otro lado, aun así era como una semana de camino en tren y había que comer algo durante el viaje.

De repente, un buen día, ¡Nacho, Nacho!, llegó el Güero gritando y corriendo hasta donde trabajaba, ¡están enlistando Nacho, llegó una compañía preguntando que quién quiere ir a trabajar, vámonos córrele! Solté la cubeta, agarré mi chamarra y una vieja cobija que traía y salimos corriendo. Cuando llegamos a la estación, aquello era un caos, todos se querían anotar, unos se aventaban y otros hasta el sombrero perdieron. Luis, otro amigo que iba con nosotros, nos dijo, ya estamos anotados todos, órale aquí esta los pases para el tren; ya ni a cobrar me regresé… ¡Vámoonoooos!… grito el guardia; a seguir el camino, el tren por fin arrancaba, hijo —en ese momento a mi abuelo le brillaron los ojos— yo había juntado un poco más de tres pesos en el trabajo, pero otros no traían nada, así es que los primeros tres días de viaje reunimos entre todos los que nos quedaba y una media comida dábamos por día. Aun no cruzábamos los Mochis cuando en uno de tantos pueblos en donde se paraba el tren se subió una señora ya grande. Recuerdo que traía un vestido de esos que usan por el norte del país, blanco con listones de colores; se veía humilde, traía un niño amarrado con su reboso a la espalda; vendía una guitarra y se la compraron dos “gringos”, supe que eran gringos porque estaban güeros y hablaban inglés; por varios minutos le estuvieron rascando, riéndose y cantaban en inglés, de repente hasta se echaban unas palabras en español. Me animé a decirles que si me la prestaban, supongo que algo de español entendían porque me dijeron que sí. Rápidamente la afiné y me aventé una canción, todos en el vagón me aplaudieron y fue entonces cuando les dije que si me permitían ir a tocar por todo el tren. Sin dudarlo los americanos me dijeron ¡ok, ok, go go! Y supuse, ya que yo no hablaba inglés, que eso quería decir que sí; le pedí al Güero que me acompañara, yo cantaba y él pedía cooperación; así, vagón por vagón y entre aplausos, risas y uno que otro berrido, al meritito estilo mexicano nos fuimos el Güero y yo llenándonos las bolsas de monedas. Para cuando terminamos el día, andábamos cargados y las copas de los sombreros llenos de dinero, hasta les dábamos un sombrero lleno de monedas a los gringos dueños de la guitarra pero ellos se negaron a recibirnos y nos dieron a entender que nos quedáramos con todo. Esa noche, en el siguiente pueblo donde se paró el tren comimos como reyes todos los que íbamos en grupo, hasta  nos alcanzó para terminar el viaje. Un par de días después llegamos a nuestro destino, los Estados Unidos, en donde durante los siguientes años pasé muchas anécdotas más, las cuales ya te platicaré después; ándale, agarra tu sombrero y vamos que tu abuela ya nos ha de estar esperando.

 

No todas las historias de migrantes terminan con finales felices; desafortunadamente aun en la actualidad existen miles de personas migrando no solo de México sino de Centro y Sur-América a los Estados Unidos. Se estima que ésta cantidad asciende a más de 400,000 (cuatrocientas mil) personas por año que intentan cruzar la frontera, la mayoría no lo logra. Personas que se enfrentan a miles de peligros, arriesgando su integridad económica, física y, en muchas ocasiones, hasta su vida. Entre los principales peligros con los que se enfrenta un migrante están el fraude, cárteles de la droga, extorsión, tráfico de personas, violencia sexual, secuestros, naufragios, accidentes graves, arrestos, abuso policial y la propia deportación; estadísticamente se dice que hay arriba de cinco millones de personas indocumentadas viviendo actualmente de manera ilegal en Estados Unidos; cada una de ellas, por supuesto, con una historia que contar.

Visite su blog

Anuncios

Un pequeño caracol en la Ciudad

 

 

 

l

Perfil

Por Ángel López López

Centro Social Ruptura: espacio convivencial de pensamiento libertario y de experiencia autogestionaria en Guadalajara

El centro social Ruptura no es un espacio y un tiempo concretos, es una infinidad de lugares, de personas, de luchas, de deseos por vivir otra vida; un bagaje atesorado a través del más indomable de los silenciosos hilos del pasado. Una tradición de ateneos, asambleas, bibliotecas sociales que llegan a nuestros días como un sujeto que sigue escribiendo sobre el suelo las huellas de un camino de autonomía.

Este proyecto ha cumplido recientemente ya cinco años recuperando espacios de vida en la ciudad de Guadalajara, el centro social Ruptura nace en julio de 2011, afincado hasta mayo de 2016 en el barrio de la Capilla de Jesús; y desde entonces hasta la actualidad en su ubicación en la calle 8 de julio #334, en el barrio del Centro.

El centro social Ruptura está conformado por una enriquecedora diversidad de personas, familias y pequeños colectivos, que durante este tiempo han trabajado juntos para potenciar un proyecto de autogestión que se extienda a todos los niveles de nuestra cotidianeidad. Este espacio supone un importante medio de aprendizaje de otras vidas posibles, un mundo donde quepan muchos otros mundos, y sobre todo, potenciar el motor creativo y de participación que merece nuestra actividad diaria.

Uno de los integrantes de este espacio comentó que “cuando los compas del centro social Ruptura abrieron sus puertas, las personas no solo vieron un espacio nuevo, sino, un lugar donde se podían hacer actividades dentro de la ética del hazlo tú mismo. Ahora, han crecido en espacio y gente y es un lugar que ha estado dando influencia a otros locales que se han estado abriendo, no solo a nivel local, sino nacional. La autonomía requiere de trabajo

constante, y el Centro Social Ruptura es un espacio donde día a día rompe con lo establecido por este sistema.”

Por eso mismo, el Centro Social Ruptura también es un importante punto de referencia en la ciudad para la formación política, la edición de textos, la propaganda y la agitación. Un espacio que cuida su particular biblioteca de librepensamiento y un archivo donde guardar la memoria que se construye en las acciones cotidianas. Han puesto en marcha dos talleres de serigrafía, un taller de decoración y artesanía, un colectivo de bordado y tejido, un colectivo de periodistas que elaboran contenidos solidarios con las luchas sociales, la sede de la editorial Grietas y la revista Verbo Libertario, y el cuarto de ensayo de una banda de música anarcopunk llamada Fallas del Sistema. Además, cuentan con un pequeño huerto en el traspatio y la azotea, mientras que fuera del espacio-casa, se sostiene un proyecto de autogestión alimentaria en el pueblo de Palos Altos, en un terreno de media hectárea.

En mi conversación con una persona que participa en el proyecto, este afirmó que “desde la contracultura también se buscan espacios de compatibilidad de ideas; okupas, salas de conciertos, centros culturales, centros sociales, etc. En los 90s siempre vimos este tipo de espacios en actividad solo en Europa, Estados Unidos, y algunas veces, bastante pocas, en Sudamérica, noticias que venían en los fanzines.”

En el mundo urbano en México, a diferencia todavía de la realidad rural, se han perdido los vínculos con el mundo indígena, y a raíz de la pérdida de esa identidad, se han olvidado muchísimos saberes que conectaban nuestra existencia como individuos en una sociedad colectiva. Por lo que, espacios como el Centro Social Ruptura, suponen una semilla que trata de reactivar esa memoria de elementos sociales comunitarios aun latentes y recuperables, no tanto para mejorar simplemente nuestro mundo, sino para transformarlo radicalmente y asegurar una supervivencia con dignidad para todas las personas.

El objetivo según sus propias palabras es hacernos comprender que “pensar desde la autogestión no significa obviar la existencia del Estado y el capital, tampoco implica un intento de evasión o de escape de las relaciones sociales jerárquicas y de explotación. La autogestión es un ejercicio de acción directa, es despliegue de una praxis que se concibe tanto para destruir las relaciones de dominio, como para construir otros modos de existencia, teniendo como exigencia no recurrir, no usar, a los establecimientos que están organizados desde una lógica estatal y capitalista.”

Habrá que acercarse entonces a este pequeño espacio tapatío lleno de singularidad, teniendo claro que crear una ruptura no es destruir, sino, como dicen los zapatistas, trabajar colectivamente para agrandar la grieta que nos permita mirar más allá del muro, pues detrás de ese muro no espera nada más que lo que la comunidad desee construir

Internet y las noticias falsas

Opinión

Por Ángel López López

La propaganda opinativa, debido al impacto de las redes virtuales globales, se constituye en opinión pública generalizada y ayuda a banalizar cuestiones importantes, calma la indignación y se desvalorizan situaciones de gravedad.

La libertad de expresión actualmente no tiene ninguna relevancia, ni su coerción ni su defensa a ultranza, por el simple hecho de que la libertad de expresión ha dejado de tener validez en un mundo en el que se controla desde la las instituciones educativas nuestra libertad de pensamiento, siempre anterior a la propia expresión. Por censura actualmente no entendemos que los hechos se oculten o se nieguen, sino que son presentados públicamente de forma masiva, en ocasiones previa adaptación a interpretaciones tranquilizadoras, y por último, edulcorarlos para que pierdan todo su significado.

Actualmente no se censura la información, ya que en el marco legalista de los países en la época presente estaría muy mal vista la coerción de esa libertad; sin embargo, se ha configurado una estrategia que tiene el mismo objetivo que la censura: evitar que la información provoque una reacción en la vida cotidiana. Para evitar la crítica que conllevaría la censura directa, se ha puesto en marcha otro tipo de censura con otras características pero la misma finalidad, se potencia la sobrecirculación de informaciones para que no sean asimiladas ni retenidas por la sociedad. La nueva censura consiste en la puesta en movimiento de un circuito de informaciones inmenso que quedan en un limbo de superficialidad y espectáculo como mercado. Esto significa que se inhibe el potencial activista ligado al conocimiento de información, se torna en una actitud pasiva de consumidores de información.

Compartimos un texto en facebook o twitter y ya creemos haber cambiado nuestras vidas, sin haberlo incorporado verdaderamente a nuestras acciones cotidianas. El origen de por qué existen las noticias falsas responde directamente a esta sobrecirculación de información, todo es noticiable, todo es falseable, todo aporta a la generación de un continuado estado de shock que promueva la inacción. Las noticias

falsas son una herramienta más inserta en esta estrategia de los lobbies comunicativos, que promueven la sobrecirculación de informaciones, favorecen que todo aparezca confuso, que la verdad sea infravalorada y quede en entredicho continuamente, fomentan la desconfianza absoluta en cualquier información, es decir, que nada parezca verosímil.

Si nada es creíble, nada es cierto, pero al mismo tiempo también puede ser todo cierto, creando un espacio de confusión y un agujero negro para el periodismo. El lanzamiento de las noticias falsas no parte de ninguna institución ni grupo empresarial concreto, ni parte de ninguna explicación conspirativa, sencillamente la estrategia planificada se traslada de arriba a abajo, y se pone en marcha por los mismos consumidores de informaciones, que facilitan su acceso a través de las redes sociales a un nuevo estatus de creadores de noticias. La sociedad se convierte a la vez en productora y consumidora de noticias, sin importar cuánta verdad hay detrás de las mismas, creando así un mercado de información que aumentan la crisis de nuestro modelo de vida desesperado, y genera una suculenta acumulación de capital a quienes recogen los beneficios de ese flujo.

Tener información se ha desvinculado de tener un correcto conocimiento sobre nuestro contexto social inmediato, a través de la tecnología se favorece la creación de apariencias de convivencia, vínculos virtuales efímeros y deshumanizados, que evitan el compromiso comunitario y nos lanzan al confort más individualista. El imperio del bulo, de momento, va ganando terreno.

Crónica de un temblor anunciado

Crónica

Por Ángel López López

Nota: este texto se escribió un par de semanas antes del temblor del 19 de septiembre

El pasado jueves 7 de septiembre la tierra tembló con una potencia de 8.2 grados en la escala de Richter en el sureste de México, y en ella se desvanecieron la vida de casi un centenar de personas. A las 23:49 horas de la noche, y con una duración de pocos minutos, casas e infraestructuras humanas se vinieron abajo como un castillo de naipes, la firme piedra se plegaba a la sacudida que tenía lugar mar adentro y a decenas de kilómetros de profundidad.

El punto exacto es ya bien conocido por la población de la zona, pues se trata de la confluencia entre las placas tectónicas conocidas como Norteamericana, Cocos y Caribe. Un triángulo fulminante para quienes pisan el suelo que algún día fue el ombligo de la luna, y que retumba como un huehuetl regularmente de manera anunciada.

En el municipio de Juchitán, en Oaxaca, se registraron los daños más graves y sin duda el dolor más intenso de un pueblo que para no caer al infierno, se impulsa hacia el cielo redentor. En Chiapas el mar quiso abrazar la tierra y extendió sus manos en forma de marea varios metros hacia adentro.

En Guadalajara no sentimos el sismo, pero eso no nos hace despreciar la magnitud destructiva que ha tenido en estados a los que sentimos muy cercana su gente: Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Puebla, Guerrero, Campeche, e incluso en el país vecino de Guatemala.

La cuna del campesinado rebelde, de las comunidades indígenas y de los que desean dejar de ser explotados ha sido golpeada por este fuerte sismo, San Cristóbal de las Casas se estremecía al conocer la muerte de dos hijas de su pueblo.

La madre tierra puede darnos y quitarnos intempestivamente, pero las comunidades humanas que aún sienten cerca la naturaleza y luchan por armonizarse con ella nos dan auténticas lecciones de solidaridad y coraje en momentos como este.

Las fake news y cómo lidiar con ellas

Opinión/ensayo

Por Mónica Navarro Díaz

Para empezar, ¿qué son las fake news? Es un tipo de periodismo amarillista que consiste en transmitir información falsa vía redes sociales. Son escritas y publicadas con el motivo de dañar marcas o personas para de esta manera llamar la atención del público, entrando a la fama y en algunas ocasiones hasta generando dinero.

Las noticias falsas llevan titulos exagerados que saben que van a atrapar tu atención utilizando temas actualmente populares.

Formas de identificar noticias falsas:

1- Considerar la pagina de dicha información

2- Leer mas allá del titulo para entender toda la historia

3- Observar el autor de dicho post e investigar sobre él

4- Checar la fecha de publicación

5- Buscar en otras fuentes

Fake news: ser esclavo de las falsas creencias

Ensayo/opinión

Por Ernesto Samuel Rea Cano

La información es poder y la desinformación, también. Un pueblo ignorante o confundido siempre es más fácil dominar.

Desde que el hombre aprendió a vivir en sociedad no han faltado los que se dan cuenta que manipulando la mente de los demás pueden obtener provecho. Es así como nace la desinformación a través de los mitos, leyendas y las falsas noticias. En un principio las ideas religiosas, luego los avances científicos y ahora los sucesos sociales, son los que han dado y siguen hasta nuestros tiempos la oportunidad a algunos cuantos manipuladores, oportunidad de ganar poder político, social y económico.

En un país como el nuestro, falto de conciencia cultural, política y social, se vuelve aún más fácil la manipulación social. Las falsas ideas constituyen esa herramienta básica, ya que mediante éstas se hace caer a las personas en creencias que por un lado desvirtúan la atención hacia hechos políticos o situaciones de carácter social que le son necesarias al poder de los gobernantes o incluso mantener a las masas en creencias erróneas que les permiten que éstas (las masas) estén más interesadas en un hecho mágico-religioso o científico equívoco que en esos hechos o fenómenos trascendentales y primordiales en que la población debe de estar ocupada.

No cabe duda que los medios de comunicación han jugado y los avances de éstos siguen significando la mayor herramienta para la manipulación a través del uso de las falsas noticias, y que mientras un pueblo no obtenga un criterio crítico de lo que lee, seguirá esclavo de sus propias falsas creencias.

El circo que valió la pena

Crónica

Opinión

Por: Ernesto Samuel Rea Cano

Llegó el circo a mi pueblo… ya se han de imaginar cómo me recibió mi hijo cuando llegué a casa después del trabajo: “Papá, papá, ¿qué crees?” Como si no lo supiera- pensé- “No sé, hijo, qué?” “Llegó el circo al pueblo”, y antes de que pudiera decirle que me sentía cansado y agobiado por el estrés pronunció la frase mágica: “¿Me llevas?”, poniendo esa carita de Bambi cuando se le muere su mamá. No me quedó más remedio que decir Sí y pensar: adiós a ese café calientito viendo las noticias de López Dóriga.

“Bienvenidos todos… hoy… hoy… es noche de circo…”, salían las palabras de una vieja bocina a la cual se le notaba el cansancio de años, kilómetros y pueblos recorridos; por fin después de unos largos minutos en la fila, no por tanta gente que quería comprar boletos, sino porque la taquillera creo se le olvidó que “hoy… hoy…” era noche de circo. Por fin, el mejor lugar… ¿cuál?, pues el que mi hijo eligió. Después de entrar apresuradamente junto con un puñado de niños como si fuera la etapa final de un maratón o supongo que pensarían que las graderías con ellos, no más de 20 niños, se llenarían; “¿Aquí?”, le pregunté; “Sí, es el mejor lugar”, respondió orgulloso de haber ganado ese pequeño espacio en aquellas gradas de madera de no más de veinte centímetros de ancho encimadas una sobre la otra hasta crear una altura no mayor a los dos metros. Una carpa que, gracias a Dios, no era tiempo de lluvias ¡que si no!, un pequeño puesto de palomitas por aquí y uno más de dulces, chicles, cacahuates y algo más por allá, un pequeño semicírculo casi al centro de la pista, unos aditamentos de cirqueros regados por todos lados y un par de jaulas con dos animales viejos, sucios y quejumbrosos que amenizaban con rugidos y el arrastre de las cadenas el ambiente circense por el cual habíamos pagado aquel par de monedas.

Y la bocina no dejaba de anunciar… “hoy, hoy noche de circo…, comenzamos a las ocho y media…, hoy, hoy noche de circo”. Qué curioso, mientras escuchaba ese anuncio veía mi reloj y casi las nueve. Supuse que se le había terminado la pila o se adelantó por alguna razón desconocida, ya que, no obstante, aquella vieja bocina anunciaba que iniciarían a las ocho y media, casi las nueve y ni payasos, malabaristas o domadores hacían acto de aparición. “Tercera llamada, tercera llamada…”, por fin —pensé—, unos minutos más y la señora del puestecito acabaría con mi dinero.

Uno a uno fueron saliendo los personajes y a mis ojos cada minuto les era más difícil mantener levantados los párpados, hasta que: “Gracias amigos por habernos acompañado esta noche, nos vemos mañana a la misma hora y en el mismo lugar”. Sí, por fin a casa.

Al salir le hice un comentario a mi hijo, esperando estuviera de acuerdo conmigo en que el show había sido un fisco: “Hijo, qué duras estaban las gradas, ¿verdad?”, a lo que contestó: “Sí”, guardando un silencio, pero antes de hacer mi siguiente jugada, me dijo “Pero valió la pena”. ¿Qué podía decir ante esa expresión?, no tuve más remedio que chutarme, en voz de mi hijo,  toda la función, sus diálogos y hasta participé como personaje durante todo el camino de regreso a casa. Entonces, mientras mi hijo me decía qué hacer y decir, para completar nuestra propia función de circo andante, recordé que una ocasión mi padre, que ya no está conmigo, me llevó al circo. Le hice repasar toda la función también. Ahora me pregunto: ¿Le habrán calado también las gradas?”. No sé, lo único que sé es que aquella ocasión, también, también valió la pena.

Visite su blog